“La cova de Clardelluna” y “Contes que porta el vent” verán la luz a finales de enero

Contes que porta el vent

¡Lo hemos logrado! Gracias a las generosas aportaciones de 189 magníficos mecenas, el volumen de cuentos infantiles ilustrados Contes que porta el vent -que contiene mi cuento inédito La cova de Clardelluna– se publicará a finales de enero.

Y en las semanas siguientes, todos aquellos que hicieron su microdonación podrán leer los 12 maravillosos relatos, provenientes de otros tantos países, y disfrutar de sus magníficas ilustraciones (obra de jóvenes ilustradores residentes en Barcelona).

En paralelo, se repartirán 1.000 ejemplares del volumen en las escuelas de primaria de Barcelona, para que el espíritu de convivencia de culturas que respira este proyecto pueda ser también explicado a las niñas y niños a través de los cuentos venidos desde tierras lejanas o desde la misma Barcelona, como es el caso de La cova de Clardelluna.

Me gustaría agradecer tanto a Alejandra Zúñiga, líder del proyecto, como a Plataforma AMA y a todas l@s ilustrador@s y narrador@s implicad@s, el esfuerzo dedicado durante el tiempo que ha durado la campaña de crowdfunding. Pero en especial, mi agradecimiento es para todos aquellos familiares,  amigos y conocidos que se han interesado por la suerte de esta iniciativa y que me han dado su apoyo incondicional, tanto con su aportación económica, con la difusión como con valiosas palabras de aliento. Os dedico este cuento a todas y todos con mi mayor cariño.

En el blog del proyecto están disponibles unos aperitivos de cada historia e ilustración, pero a continuación rescato el inicio de La cova de Clardelluna, para ir abriendo el apetito de la imaginación.

La jove Lluna vivia en un poble de pescadors a la vora de la mar. Aquell racó del món era l’únic lloc que la noia coneixia, ja que era allà on havia nascut i crescut.De ben petita, havia passat moltes hores jugant a la platja. Un temps meravellós en què les ones sempre li portaven regals i sorpreses: petxines de totes les grandàries, pedres rodones de colors preciosos i bocins de fusta d’algun vaixell enfonsat. Mil tresors que col•leccionava i que l’ajudaven a viatjar amb la imaginació. En aquells instants se sentia tan feliç que al seu voltant apareixien unes llumetes que semblaven petits estels.

Però la Lluna es va anar fent gran…

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